El Seminario es una comunidad educativa promovida por el obispo para ofrecer, a los “llamados”, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los apóstoles.
El acompañamiento vocacional de los apóstoles por parte de Jesús, es la experiencia que la Iglesia desea revivir en el tiempo de formación del seminario, destinado a desarrollar una relación de comunión y amistad. En este sentido, se trata de la escuela del Evangelio, es vivir en el seguimiento de Cristo, es dejarse educar por Él para el servicio del Padre y de los hombres, bajo la conducción del Espíritu Santo.
De acuerdo con la enseñanza de la Iglesia Universal, nuestro seminario cuenta con las cuatro áreas de formación, que nos señala la Exhortación Apostólica Postsinodal "Pastore Dabo Vobis" (Juan Pablo II, 1992).

Es el fundamento de toda la formación sacerdotal. El sacerdote está llamado a ser imagen “viva” de Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia; debe procurar reflejar en sí mismo su perfección humana. Es necesario que el sacerdote sea capaz de conocer el alma humana, intuir dificultades y facilitar el diálogo y el encuentro con los demás. Por ello, el Seminario "La Purísima" constituye una verdadera comunidad, donde se realizan actividades en común (convivencias en pequeñas comunidades, paseos, deportes, etc.) para fomentar la fraternidad, la amistad, el compañerismo, lealtad, sentido de la justicia, sinceridad, compasión, coherencia, humildad y demás cualidades humanas esenciales.
 
Es el centro vital que unifica y vivifica el ser sacerdote y el ejercer el sacerdocio. La vida espiritual es una relación de comunión con Dios, es obra del Espíritu y empeña a la persona en su totalidad. Existen ciertos valores y exigencias que forman parte de la formación esperitual dentro del seminario: La lectura meditada y orante de la Palabra de Dios que alimenta el corazón con los pensamientos de Dios. La participación activa en los sacramentos y actos devocionales (celebración diaria de la Eucaristía, rezo de la Liturgia de las Horas, retiros mensuales, confesiones frecuentes, el santo rosario diario, etc.). Dentro de la formación espiritual tiene, también, particular importancia la sana devoción a la Santísima Virgen María, en cuya protección está amparada nuestra casa de formación, bajo la advocación de "Purísima" (Inmaculada Concepción), quien además es la Patrona de Nicaragua.

Es indispensable para avanzar en el conocimiento de Dios y su adhesión a Él. A través del estudio de la Filosofía, pero sobre todo en el estudio de la Teología el futuro sacerdote se adhiere a la Palabra de Dios, crece en su vida espiritual y se dispone a realizar su ministerio pastoral. Es necesaria para que el sacerdote esté bien preparado para poder defender su fe y extenderla por el mundo. Los primeros tres años son de estudios filosóficos, luego se realizan cuatro años de estudios teológicos.

Toda la formación está orientada para comunicar la caridad de Cristo, en un carácter esencialmente pastoral que unifica a las demás dimensiones de la formación sacerdotal. A través de la actividad pastoral los seminaristas aprenden a abrir el horizonte de su mente y su corazón a la dimensión misionera de la Iglesial y se ejercitan en algunas formas iniciales de colaboración entre sí y con una comunidad parroquial. Por ello, en nuestro seminario, cada fin de semana se vive la experiencia pastoral en las parroquias de la arquidiócesis; además durante el mes de enero, cada año, se vive la experiencia de misión, llevando la Palabra de Dios y la compañía cercana a diferentes zonas de nuestra iglesia local (incluye los departamentos de Managua, Masaya y Carazo).
(Cfr.Pastores Dabo Vobis, num. 42 - 60) |